¿Has visto los leones del Congreso de los Diputados, en Madrid? Esta es su historia

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Los leones de las cortes son famosos en la ciudad de Madrid. Delante del Congreso de los diputados, estas dos estatuas esperan sentadas a que la política siga su curso. Hoy son un signo de la democracia, pero no siempre han sido tan amables estas dos fieras.

Hubo un tiempo en que el bronce con que se construyeron disparaba contra nuestros propios soldados en mitad de una guerra. Además, nada más aparecer por la zona, Daoíz y Velarde, unos de sus nombres, tuvieron problemas de aceptación. Esta es la historia de los leones del Congreso de los Diputados.

Con el bronce de los cañones

Corría el año 1808 y andaba Napoleón destrozando el Retiro y talando árboles aquí y allá. La idea era que los franceses pasasen por España para pelearse contra los portugueses, pero nos engañaron y ocuparon el país. De todo el Retiro solo sobrevivió el Ahuehuete, un árbol con más de 400 años.

Una tarde de mayo, el alcalde de Móstoles (una localidad cercana a Madrid) se levantó contra los franceses. Luis Daoíz y Torres y Pedro Velarde eran dos oficiales del cuartel de Monteleón que se levantaron contra Napoleón. Estuvimos unos seis años peleándonos con nuestros vecinos, y el Museo del Prado recoge alguno de esos momentos.

Varias décadas después fuimos a darnos contra los marroquíes. La batalla de Wad-Ras fue dura, pero acabamos ganando. Fue en ese momento en que les robamos varios de sus cañones de bronce y los trajimos a España. Pero todavía pasarían algunos años antes de fundirlos y hacer volver a Daoíz y Velarde.

1872: a la tercera va la vencida

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El espacio frente al Palacio de las Cortes, en Madrid, siempre ha sido un lugar polémico. Mucho antes de los leones, en la inauguración de 1950, fueron colocadas dos farolas. Sin embargo, ni a los diputados ni a los madrileños les gustaban, de modo que tuvieron que ser cambiadas.

Ponciano Ponzano ya había diseñado el frontispicio de la fachada, así que hacia 1851, colocó un par de esculturas de yeso pintado de bronce. Muy cutres, aunque los ciudadanos y los diputados estaban contentos. Por desgracia, la mala calidad de los materiales hizo necesario un segundo cambio en menos de un año.

Ponzano dio un presupuesto tan elevado que entró en escena José Bellver y Collazos y sus dos “perros” de piedra. A Bellver se le pidieron “dos fieros leones”, pero los talló tan pequeños que la gente los empezó a insultar llamándoles “perros rabiosos”. Las esculturas ni llegaron a ponerse.

Fue entonces cuando fueron capturados los cañones de bronce en Wad-Ras, fundidos en Sevilla y convertidos en Daoíz y Velarde (los leones actuales). Fueron instalados en 1872, pero la polémica no iba a terminar aquí, por supuesto.

Durante casi una década los diputados se estuvieron echando en cara los unos a los otros el origen del metal. Para algunos, Wad-Ras fue una heroicidad, y para otros una guerra innecesaria. Lo cierto es que no han cambiado tanto las cosas en los últimos siglos.

La polémica de los leones: a un testículo por león

Ha pasado un siglo y la polémica ha vuelto al congreso. Y no hablamos de política. En 2012 el canal Historia TV realizó una campaña pidiendo que se pusieran los testículos a uno de los leones. Le faltan desde 1865, y es que aunque ambos llevan melena uno en realidad es una leona.

Daoíz y Velarde fueron oficiales españoles, ambos varones. Pero cuando Ponciano realizó los moldes de las esculturas pensaba en Hipómenes y Atalanta, los héroes de la mitología griega. Ellos, un héroe y una heroína, fueron convertidos en leones. De hecho, en la fuente de la Cibeles también aparecen:

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Y también con el pelo característico del león masculino. ¿Por qué se puso nombres de combatientes españoles a los leones del Congreso? Bueno, porque los nombres se lo pusieron varios operarios de la Fábrica de Artillería de Sevilla donde fueron fundidos.

Hace unos años nuestro propio gobierno se equivocó y valoró colocar los testículos. Por suerte, rectificaron a tiempo. No hay nada de malo en leones de las cortes: Ponciano los diseñó tal y como son. Incluso una de las esculturas de menor tamaño en las que se basaron carece de testículos. Es intencionado.

La próxima vez que pasees por Madrid, mira bien. Hay una historia escondida en cada estatua, edificio o muro. Como el edificio de la Latina en que se le el inicio de la ciudad.

Imágenes | Selbymay, Juan J. Martínez, NakNakNak

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